En Islandia no hay grandes contrastes entre estaciones. Incluso en verano, la temperatura media no suele superar los quince grados centígrados. Los inviernos son suaves y, sobre todo en las inmediaciones de la capital, sin nieve. Al norte sí que nieva, y la temperatura suele alcanzar los cinco grados bajo cero.

El verano es agradable y luminoso. En los meses más cálidos del año, la temperatura media suele estar en torno a los quince grados centígrados. Los veinte grados se consideran una ola de calor y rara vez se alcanzan en este país.

El verano se prolonga de junio a agosto, y es la época del sol de medianoche. Esta es la mejor estación para disfrutar de excursiones por la montaña y largos safaris a lomos de los caballos islandeses. La primera semana de agosto es una de las más ajetreadas del año, a causa del Fin de semana de los comerciantes (Verslunnamannahelgi). Prepárate para una abundancia de fiestas, fuegos artificiales y atascos en las carreteras.

El otoño va de septiembre a noviembre: los días se acortan y las lluvias son más y más frecuentes. Septiembre es un mes muy hermoso en Islandia, que luce los vivos colores del otoño.

Los meses de invierno son de diciembre a febrero, tiempo de días cortos y de vientos que suelen traer tormentas. Los fuegos artificiales del año nuevo en Reikiavik son muy espectaculares y divertidos. En invierno también se organizan ruta cortas a caballo o excursiones a los glaciares, pero su planificación exige cierta flexibilidad, dado lo cambiante de las condiciones climáticas.

La primavera se prolonga de marzo a mayo. La naturaleza despierta de su hibernación y la nieve se funde. La Semana Santa marca el pistoletazo de salida a la «temporada de cabañas», y los islandeses salen al campo.